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“Las Malas Compañías Corrompen las Buenas Costumbres” PDF Imprimir E-mail
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Escrito por JR   
Miércoles, 02 de Febrero de 2011 11:30

 

“Las Malas Compañías Corrompen

las Buenas Costumbres”

 

La necesidad y el deseo de compañía existe entre nosotros.  Queremos compartir nuestro amor y vida con los demás.  Queremos ser respetados y aceptados por los demás.  Encontramos consuelo en los demás para que lloren con nosotros y que se regocijen por nuestra buena fortuna.  El sentimiento de soledad es causado por un fracaso en llenar nuestra necesidad de compañía.  Nuestra fuerte aversión por la soledad es causada por un afecto igualmente fuerte de compañía.  Es triste contemplar a aquellos que son oprimidos y agobiados por la soledad.  Tenemos la responsabilidad de ser un compañero para los demás (1 Cor. 12:25-26; Rom. 12:10,13,15; 2 Cor. 1:3-4). 

 

La compañía es un deseo dado por Dios para que nos hagamos seres sociables (Gén. 2:18).  Sin embargo, en nuestro esfuerzo por suplir este deseo, ¡no debemos entrar en comunión con el impío!  Dios nos ha advertido en contra de que hagamos una estrecha asociación con aquellos que no lo respetan (1 Cor. 15:33; Sal. 1:1; Pr. 13:20; 2 Cor. 6:14-18).  Es fácil ser engañado al creer que nuestros compañeros mundanos no están corrompiendo nuestra moral.  Al principio, podemos resistir sus malos caminos, pero después de un tiempo nuestra resistencia se vuelve menor.  Nuestro sentimiento de disgusto por sus maneras impías se vuelve a menor a medida que aceptamos gradualmente sus maneras o procedimientos.  El verdadero peligro de las malas compañías es que a menudo nos llevan lejos de Dios sin darnos cuenta de esta verdad.  La Biblia contiene ejemplos de como las malas compañías influencian al justo para que peque.  Notemos algunos de estos ejemplos y saquemos ventaja de ellos (1 Cor. 10:6). 

 

El Rey Josafat Destruyó Su Influencia a Causa de su

Asociación con el Rey Acab

 

“Y se animó su corazón en los caminos de Jehová” (2 Cr. 17:6).  Hizo que “la ley de Jehová” fuera enseñada al pueblo, Jehová estaba con él, y aun su justa influencia se esparció a los reinos vecinos (2 Cr. 17:3-10).  Sin embargo, Josafat cometió un grave error cuando entró en comunión con el muy malvado rey Acab.  Permitió que su hijo, Joram, se casara con una hija de Acab (2 Cr. 18:1; 21:6).  Fue a la guerra con Acab contra los sirios.  Fue derrotado en esta batalla tal como lo había profetizado el profeta Micaías (2 Cr. 18:4-34).  Jehú, otro profeta, lo reprendió por unirse a las fuerzas de Acab (2 Cr. 19:2).  Más tarde, leemos de él mismo juntándose con Ocozías, el hijo de Acab, en un negocio en particular (2 Cr. 20:35-37; 1 Rey. 22:49).  Su perversa alianza, con la impía casa de Acab, tuvo un corrompedor impacto religioso sobre los habitantes del reino de Judá por mucho tiempo (2 Cr. 20:33; 21:5-6,11; 22:2-3). 

 

Como cristianos, debemos ser cuidadosos de no permitir que nuestra influencia para lo bueno sea destruida por nuestra asociación con los malos, los amorales e injustos (Ec. 10:1).  Cristo comió con los publicanos y pecadores, pero hizo esto para enseñarles (Mat. 9:10-13).  Hay mucha diferencia entre esto y aprobar, o aparentemente aprobar sus caminos pecaminosos.  Si nos oponemos o presentamos objeciones a los caminos pecaminosos de nuestras malas compañías, ellos pueden:  (1) cambiar, (2) alejarnos de su compañía, (3) rehusar escucharnos.  Si rehusan escucharnos, entonces nosotros mismos debemos alejarnos de su presencia (Mat. 7:6). 

 

Las Esposas de Salomón Desviaron Su Corazón de Dios (1 Rey. 11:1-6)

Toda la justicia y sabiduría de Salomón no venció la influencia mala de sus idólatras compañeras (1 Reyes 3).  Cuan cuidadosos necesitamos ser acerca de la elección de quien deseamos será nuestra compañía humana mas cercana en esta tierra.  El, o ella, probablemente tendrá la mas grande influencia sobre nosotros para lo bueno o lo malo.  ¡No se case con quien no será una “ayuda idónea” para que usted obtenga la vida eterna! 

 

Pedro Fue Intimidado Por la Compañía Que Mantuvo (Mat. 26:69-75)

El arrojo y sangre fría de Pedro no lo guardó de negar a su Señor en presencia de aquellos que no amaban al Señor (Mat. 14:28; Jn. 18:10; 20:6).  Debemos ser cuidadosos de no permitir que el impío:  (1) Nos seduzca al pecado (Pr. 1:10,15); (2) Nos presione a pecar.  Uno de los grandes registros en la Biblia de uno siendo presionado a pecar fue el de Sansón, mientras Dalila “presionándole ella cada día con sus palabras e importunándole, su alma fue reducida a mortal angustia” (Jue. 16:16).  Apartémonos del que nos seduce o presiona para que pequemos (2 Cor. 6:14-18).  Dejemos que nos llamen con nombres malos (Mat. 5:11; Luc. 6:22). 

 

¿Qué Clase de Compañía Tienes?

 

¿Tus asociados mas cercanos están destruyendo el carácter parecido al de Cristo que debes tener?  Entonces necesitas “salir de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor ...” (2 Cor. 6:17).  Si tienes el valor y fe para hacer esto, entonces Dios mismo te recibirá.  Será tu padre, y tu serás Su hijo (2 Cor. 6:17-18).  Tenemos la compañía de Dios, nosotros mismos debemos separarnos del pecado (1 Jn. 1:7).  Algunos han perdido el derecho a su comunión con Dios por volverse al mundo.  Este apartarse de Dios pudo haber sido causado por las malas compañías. 

 

[Truth Magazine, XVIII:17, p. 9; Don R. Hastings].

 

 

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